lunes, 17 de noviembre de 2008

95.- Justificación
Puedo justificarme de mil formas, decir que la vida me va llevando cada vez más lejos de la posibilidad de volver.
Puedo argumentar que hay tanto de metódica casualidad en este hundimiento en el tiempo, en este postergar siempre el salto al vacío de recuperar a aquel que se quedó jugando a las cartas, con amigos que ya no escriben, en un olvidado bar lleno de humo, un bar que era viejo en aquellos tiempos y ya no debe existir.
Puedo encontrar cientos de excusas, reconocer que sigo amordazando la libertad de abandonarlo todo y volver a buscarme en las calles de la infancia.
Pero la decisión sigue titilando cada vez más lejos, en el fondo, como un vértigo quieto
incomodándome, como una botella de vino que se deja añejar en la bodega demasiado tiempo para sólo comprender que ya se agriaron las razones valederas para abrirla.
94.- LA INSULA DE LA LIBERTAD
Llevaba yo de polizón en aquel barco muchos años. Me conocía al dedillo todos sus recovecos, y poseía una llave maestra, que abría cualquier estancia . Podía obtener fácilmente comida y bebida, y un lugar para dormir tranquilamente sin miedo a ser descubierto. Era dueño de todo mi tiempo; sólo tenía que salir unos minutos durante la noche para conseguir alimentos.Tampoco me aburría, porque el barco disponía de una biblioteca que aumentaba en cada viaje. Tenía todo lo que podía desear, excepto la libertad. Un día vi una isla a lo lejos, que me podría dar lo que me faltaba, pero me quitaría lo que poseía. Y tuve que escoger. Pensé prolijamente para elegir entre la libertad de la isla o la seguridad del barco. Pero para cuando me decidí ya era tarde, mi bajel había dejado atrás aquella ínsula. Todavía hoy no sé si me alegro por eso.
93.- MI GRAN AMOR NO ENCONTRADO
Aquel día, en una mesa cercana a la mía, descubrí al amor de mi vida. Fue un flechazo instantáneo. Inmediatamente supe que quería compartir el resto de mi existencia con ella. En ese momento no supe reaccionar, pero al día siguiente volví al mismo lugar para declararme; mas no la hallé.
No sabía nada de ella, ni poseía ningún dato para poder localizarla. Pregunté; pero nadie la conocía. El único modo de encontrarla era volver al sitio en donde la había visto por primera y única vez. Hice esto día tras día, a distintas horas, pero jamás apareció. Así actúe durante muchos años. ¿Cómo localizar a alguien de quien no se sabe nada?.
Ha pasado mucho tiempo, pero yo sigo buscándola. ¿Qué habrá sido de ella?, ¿tendrá hijos?, ¿será feliz? ¿vive todavía?. No lo sé, sigo buscándola en el mismo sitio, y aunque de momento sólo encuentro mesas vacías, quizás….
92.- VOLVER
Un velero bergantín, la devolvia a su tierra tras 50 años en Argentina intentando hacer fortuna. Con 75 años, casada 3 veces, solo la acompañaban 3 baules, uno por marido, con un destino, Santander. No dejaba amigos ni familia, no la esperaban amigos ni familia, solo las raices poderosas de la tierra que te ve nacer, la tierra que se deja por necesidad y a la que se regresa por gratitud. Se iba a alojar en un hotel con vistas y alli pasaria su vida hasta que llegara su momento, llegó a la habitación, depositó una generosa propina a los chicos que subieron su vida bajo llave y cerró la puerta, descorrió las cortinas y se sentó frente al mar, su mar, encendió un cigarrillo y entre el humo vio como aparecian las primeras luces sobre el horizonte y lloró en silencio, ya estaba en casa.
91.- Sin título.
“La vida es como un traje de Armani que nos sienta como el culo”, dijo mientras lamía la sal de su mano, preparada para el tercer tequila de la noche. “Ya te ha dado la vena filosófica”, le dije con una sonrisa. Ella no me hizo caso y siguió divagando. “Al traje le puedes hacer mil arreglos; subirle los bajos, estrecharle la espalda, cortarle las mangas… Así puedes hacer que te quede más o menos aceptable. Obviamente, ya nunca será un Armani, ni siquiera se le parecerá…” Brindamos y tomó de un trago el licor. “Algunas personas”, prosiguió, “tienen mucha habilidad y consiguen que su traje sea más que aceptable, incluso envidiable. Otros nos conformamos con que nos tape las vergüenzas”. Callamos y, por un momento se fue muy lejos del Rubicón. “Te quiero” dije al fin. Me volvió a mirar, sonriendo, “pensaba que no lo ibas a decir nunca”.
90.- CONTEMPLACION
Mi amigo P.siempre quiso ser fotógrafo pero le faltaron voluntad y dedicación. Se había comprado una cámara digital de infinitos píxeles que nunca supo manejar y que llevaba siempre a todas partes con la esperanza de retratar algún día la belleza, de retenerla en el tiempo. Mi amigo P. no supo nunca, no llegó a sospechar siquiera, que la belleza es efímera y muy escurridiza y dificilmente se deja atrapar. Tuvo su oportunidad una tarde de primavera. Desde la cima de una pequeña colina descubrió un paisaje que le pareció el más hermoso que hubiera visto nunca, una llanura infinita rodeada por todas partes de un cielo infinito, todo lleno de colores que parecían recién inventados. En aquella inmensidad todo era silencio, apenas se oían una respiración y el latir de un corazón, tan lento, que entre cada latido casi se veía crecer el trigo. Más que verla, la sintió, era la belleza. Pensó en la cámara y no hizo nada.
89.- Amanecer
-¡Oye, llámame mañana! – le dijo la chica guapa.
Él casi no podía articular palabra, se le empezaban a borrar los contornos de la cara, puso una sonrisa bobalicona – Es que no sé dónde vives…-
-Ah, es que me vas a llamar, pero a gritos, vivo aquí mismo, ¿ves ese balcón?-
-¿Y cómo te llamas?-
Pestañeó, –Carmen, pero tú me puedes llamar sol- y se alejó, cimbreante.
88.- Sin título.
La lluvia caía incesante golpeando el frio metal de los coches aparcados. Solitarias aceras invitaban a entrar en aquel bar. La puerta me dió paso al recibidor, lleno de panfletos. Toda una agenda cultural dispuesta. Escuchaba el murmullo de la gente que había dentro. Era como dialogos de múltiples peliculas reunidas, juntadas con una misma melodía de fondo. Sonaba bién así que decidí traspasar la segunda puerta.Collage de personas llenaba el lugar dando calidez a la noche de perros que esperaba fuera. Pedí una cerveza que pude acompañar con palomitas en la socorrida barra. En el apogeo de mi bebida, alguién se me acercó, iba a pedir unos mojitos. La tardanza del camarero desembocó en una agradable conversación que duró toda la noche y descubrir, no solo a aquella persona sino también a una calle llena de vida, la calle del Sol, escondid@ en el regazo de la Luna.
87.- Rendición
Había llovido toda la noche.
Cata encendió despacio otro cigarrillo y se aproximó a la ventana sintiendo alivio al descubrir que la espera había terminado.
Se deslizaba entre la cafetera y la mantequilla, cuando el agua ardiendo le devolvió la conciencia de su cuerpo. No logró entonces esquivar su imagen proyectada sobre el cristal de la ducha así que degustó el desamor por unos instantes y dejó que los restos de su orgullo se colaran por el desagüe.
La taza entre sus manos la condujo al viejo puesto de vigilancia, ahora acariciado por una leve claridad.
No llegó.
Al salir del portal, el aire frío encogió sus pupilas y rebuscando las llaves del coche, llegó hasta el bar. Sin pensarlo se sentó, como solían, jugando a adivinar los dibujos escondidos en la mancha de humedad. Decidió que lo peor ya había pasado.
86.- LA CALLE DEL SOL
Nací en Galicia , un lugar donde normalmente no luce el sol , quizá por eso el destino ,como una broma , me trasladó a la calle del sol(al “barrio que nos vio crecer”,como lo llama mi hermano pequeño que no conoció otra “tierruca”)de una ciudad azul donde sus habitantes , más en verano , se pasan los días mirando al cielo para ver si despeja , pero nunca despejaba. Y entonces , por buscar más sol ; por querer dejar de estar protegida por las montañas, como los vikingos ; y sobre todo porque era joven me marché a Andalucía , a la costa del Sol. Pero ese sol sólo me ponía moreno y me hacía más viejo , no era como el sol de mi calle, no había “días de sur” en el invierno del sur.
Y yo soy un vikingo. Así es como regresé a mi vieja calle del Sol y conté estos años lejos.
85.- Me siento olvidado
Estoy vacío, me dieron la espalda, a lo lejos puedo imaginar que piden la siguiente ronda.
84.- Dijo mi hijo
Dijo mi hijo: ¡Ven madre!, vi un universo, varios mundos como la Tierra, sobre su azul se podían ver las olas del mar y alrededor de ellos sus lunas que giraban como haciéndoles reverencia, me asomé por la ventana y yo solo vi unas sillas vacías.
83.- “Charlando bajo la lluvia”
Decías que charlando bajo la lluvia parecíamos bichos raros.
Probablemente lo fuéramos.
Tu me prometiste que saldrías del infierno
y yo lo haría del desierto,
que por mucho que tardáramos volveríamos a hacerlo,
a charlar bajo la lluvia.
Y me creí tus palabras.
Hoy, después de tanto tiempo en el desierto,
no se me seco la lengua,
aunque me hirvieran las venas
y desayunara piedras.
Y cumplimos la promesa,
tu saliste de las llamas y yo salí de la arena.
Hoy estoy cenando sueños,
siempre soñaba con esto,
con borrascas y aguaceros
lluvia y paraguas abiertos
un abrigo y un encuentro
y volverme a beber contigo
todo el agua del invierno.
82.- “El Sol”
El era una planta trepadora y ella una ventana abierta.
Tenían prohibidas las horas de luz y el acercamiento,
pero ellos buscaban el sol solo el sol.
Sonreían a escondidas y apenas se conocieron
se condenaron a crecer, a subir.
Y crecieron juntos sin mirar al calendario
y al cabo de tres lustros decidieron detenerse,
se asomaron al sol y se reconocieron el uno al otro
y subidos al sol se declararon detenidos
sin necesidad de nada
aunque por ello acabaran expulsados de la nada
con diploma de honor.
Si no te subes al sol
te quedaras en la nada
y acabaras condenado en una jaula de oro
y la ventana cerrada.
81.- "ELLA..."
La conocí a los veinte años.
Era preciosa;un poco culona,pero con una boca que daba hipo.
La veía esporádicamente por los bares de mi calle,y cada ocasión
tenía esa intensidad embriagadora que parece no acabar nunca.
Al poco,las citas fueron diarias,y felizmente pasaron los
meses,los años...
..Hasta que la relacion empezó a deteriorarse.
Rápidamente,la cosa fué de mal en peor ;empezaba a estar harto,
no aguantaba más;el amor se tornó odio.
Debía librame de ella.
Sin pensarlo dos veces,salí del bar y me dirigí a casa;sabía que
estaba allí.
Abrí la puerta con manos temblorosas,estaba decidido,lo iba a hacer.
Me acerqué despacito a la cocina,y mientras pensaba:"no puedo
seguir así",la agarré del cuello,y apretando con todas mis fuerzas...
...La rompí contra la pared.
Después barrí los cristales,limpié el vino,
y me tomé un zumo,para celebrarlo.
80.- Aire caliente
A través de la cristalera del bar vimos pasar a Arrizabalaga, al “Rojo” y a todos los otros del incendio. Caminaban despacio, ocupando en toda su anchura la estrecha carretera, en dirección a la iglesia del Carmen.
-Es el puto sur, que no les deja descansar -dijo alguien a mi espalda.
Luego apareció el coche rojo y un estremecimiento nos hizo enmudecer. Cuando vimos que el conductor iba a tocar el claxon la mayoría de nosotros tuvimos que apartar la mirada; en el brutal silencio los ruidos de la calle nos llegaban con insólita nitidez, y oímos pasar al coche y continuar su marcha hasta el final.
Todavía tardamos un rato en salir a la calle; entonces, al sentir en la cara el frescor del viento que ahora soplaba, comprendimos por qué no había ocurrido nada.
79.- Galerna
La oscuridad se había extendido sobre la calle del sol. Miles de gaviotas se arremolinaban en los tejados volviendo locos a todos con sus desagradables graznidos. Los vecinos, alertados por el fortísimo olor a salitre que desde un rato antes impregnaba cada rincón, se afanaban en asegurar de cualquier forma sus ventanas. Sin embargo, en el último piso de uno de los edificios más antiguos un hombre escudriñaba la bahía apoyado tranquilamente en la barandilla oxidada de su balcón. Luego entró en su habitación sin prisa, colocó sobre su cama una vieja fotografía de periódico de un pesquero hundido y otra de su hijo, cogió un pequeño taburete y volvió a salir.
Desde lo alto del taburete se veía mejor la estrecha calle a sus pies, entonces se fijó en las cristaleras iluminadas de los bares y decidió que su hijo podría esperar hasta la próxima galerna.
78.- DE TANTAS VECES REPETIDA
Los vasos se amontonan en la mesa y, de tantas veces repetida, la imagen se detiene en un instante fotográfico. Una noche y otra más. Una semana, un mes. Los vasos continúan en esa mesa. Pasa un individuo, dejando tras de sí la estela de su paso. Una foto y otra más, colgadas, desde hace años en la misma pared. Allende dirigiéndose a su pueblo y una bailarina, con mirada concentrada, en espera de los compases de una música que de comienzo a su actuación. Pero la música no suena, sólo se oye el sonido del golpear de los vasos sobre la mesa. Clap, clap, clap, son gotas de lluvia que caen en el exterior. Pasa un otoño, un invierno más y los vasos continúan en esa misma mesa. Es como si el tiempo, de tantas veces repetido, se hubiese detenido en ese instante.
77.- Sin título.
Con puntualidad Británica, después de dejar todo recogido y dar un beso al amor de su vida, cogía el gabán, esperaba a Irina y se iba a jugar la partida. Era el mejor momento del día, sus amigos y el ambiente confortable de “su bar” le reconciliaban con el mundo. Durante tres horas volvía a ser él; en cada “envido” “paso” y “quiero” olvidaba los estragos que el Alzheimer había hecho en la mujer que compartió con él los últimos cincuenta años. No le conocía, no hablaba, pero su sonrisa era el cielo. Estas Navidades venían los nietos desde Méjico. Estaba radiante, pero no sabía que hoy había visto la sonrisa amada por última vez. A partir de ahora, el afecto y el calor lo hallaría en sus amigos y compañeros de tantas tardes, y “su bar” pasaría a ser algo muy parecido a “su hogar”.
76.- RECONOCIMIENTO
Mientras se aproximaba, oyó toda una sucesión de ritmos tribales y de melodías cautivadoras. Muy pronto la música anegó sus oídos. Decidió detenerse en la esquina, junto a aquel impresionante templo de paredes ennegrecidas. Doce siniestras campanadas procedentes de sus alturas lo sobresaltaron, pero logró reponerse. Aún no había sido descubierto.
Asomó la cabeza y echó un vistazo.
La calle rebosaba alegría. Las danzas frenéticas se mezclaban con los letárgicos cánticos de un rebaño de extraños seres felices que se comunicaban entre sí mientras libaban diversos néctares de todo tipo de probetas de colores. Y lo mejor: parecían por completo desprevenidos.
Ya sabía todo lo que necesitaba. Sin más dilación, Xprrghaap regresó a la nave nodriza
75.- Sin título
-¿Crisis?..... ¿Qué crisis?
74.- Charlando bajo la lluvia
De tanto como fumaron, las nubes de humo no tenían donde flotar. Rompió a llover.
73.- Razonamiento espacial
De tanto doblar esquinas, convirtieron la ciudad en una pajarita.
72.- REMORDIMIENTOS?
No corta el mar, sino vuela, su pesquero rumbo al faro, entre la ligera niebla, pantocazo tras pantocazo. Rugen los motores a popa y él piensa. Piensa muy despacio, si comparamos la velocidad de sus pensamientos con la de su barca. ¿Es posible pensar despacio para pilotar rápido? Es necesario pensar despacio para no equivocarse. ¿Se había equivocado él? Es posible, nadie está libre del error. O es posible que no, la familia es lo primero.
La sirena de la policía lo arrancó de golpe de sus tribulaciones, como tantas otras veces. Pero él no aminoró la marcha. Entre aquellos peñascos podría darles esquinazo, no se atreverían a pasar a tanta velocidad por una zona de tan poco calado, cobraban muy poco y tenían mucho que perder, la familia es lo primero.
No corta el mar, sino vuela, su pesquero rumbo al faro. Antes llevaba peces, ahora transporta fardos.
71.-Razonamiento Espacial.
Antes de irse y dejarlas, se miraron a los ojos, palparon la noche con el relieve que dan las luces y las sombras, pensaron por un segundo en Ella, y uno dijo:
“brindaremos en silencio; este es convencimiento, haremos que Ella viva como nuestros sueños.”
Quienes se daban la espalda, se conocían igual que se conocen las sillas y las mesas, no necesitaban de los ojos para saber de su existencia. Los colores de las ropas se alternaban, con las risas rojas, con las copas cargadas de vino tinto, con las figuras de humo que dan los cigarrillos. Desde lo alto, la copa del centro, derramó una Promesa, dejándola libre y vivaz en el suelo que la ocultaría. Todas las noches se daba vida. Hoy las sillas, despiertan y razonan espacialmente:
“Una Promesa es como un espíritu que vuelve a la vida, nosotras la sostendremos por siempre….”
70.- RE-ENCUENTRO
…y volver a tomar zumo de tomate preparado con tiempo y cariño en el bar de siempre, compartiendo un bol metálico de palomitas con pimienta. Aquí una quedada simple puede convertirse en una mesa repleta de conversaciones diversas, como las edades y aficiones de los presentes:
Mi cita, quien niega al que fue mi único novio, su actual compañera, un navegante, mi tripulante, el ex-entrenador de ambos, su hermana, el hermano de mi madre, su mujer, un hijo, la novia de éste, el amigo Fran, otro estudiante, una doctora (o puede que dos), el tío de mi primo, el sobrino de un fotógrafo (o el de un librero), la sobrinísima, otro fotógrafo, su cuñao, mi maestro, un Virgo, una amiga, Harry Potter, la Gatina y yo aquella tarde sumábamos nueve.
69.- MARTES TARDE
Bajo del seis. Llueve, no tiene pinta de querer parar. El viento silva y se oye el danzar de los árboles con Gallego, agitados por el agua. Cae al suelo, dibuja topos blancos en los charcos al contraluz de las farolas, y en su movimiento, calle abajo, imita el tímido oleaje que cubre la orilla, a contra corriente, cuando baja la marea.
La ciudad, limpia, avanza a mi paso. Me oigo respirar mientras subo, despacio, inhalando el aire fresco, sintiendo cómo la lluvia cae sobre mí haciendo eco en la capucha del abrigo. La calle, poblada de gotas, permanece tan desierta que puedo notar cómo modula en tono, al cambiar de pavimento o intensidad, su impacto.
Y así, sorteando charcos, llego sujetándome el borde húmedo de “mi boina tapadera”, para no ceder al viento; el faro, junto a la puerta, ya me espera encendido.

domingo, 16 de noviembre de 2008

68.- RECUERDOS BAJO LA LLUVIA
Cuánto tiempo, Quizá cuarenta años, Desde que nos despedimos, y llenamos nuestros corazones con otras miradas, Tú, Luís, te fuiste con aquella chica rubia que se cruzó en nuestro camino en un tiempo de dudas, Tú, en cambio, te marchaste a trabajar a esa ciudad perdida en el sur, Nuestra historia está marcada por la separación, Y por el adiós definitivo.
Sigue lloviendo, Marta, Sí, Luis, como aquel día en que nos dimos el postrer beso, Cuánto tiempo, querida, Mucho tiempo, Luis, y que cercano parece el recuerdo.
Las ilusiones pueden brotar aunque sea otoño, y los cabellos se deberían acariciar a pesar de que han perdido su color. La lluvia cae sobre los paraguas abiertos, sobre los corazones vivos, sobre la mesa donde dos manos se aproximan y unen, cuarenta años después, en el reencuentro tanto tiempo aplazado.

67.- Gotas.
No podía dejar de mirarlos. Refugiados bajo sus paraguas, la lluvia tintando el cielo de gris, la humedad envolviendo el espacio. Sus ojos a pesar del frío, brillaban felices. Parecían vivir un tranquilo instante con la obstinada complicidad del tiempo que siempre compartirían, bajo la lluvia o el sol más inclementes. Había una historia, un pasado y un futuro. En su sencillez era un instante hermoso.
El cristal estaba empañado, el calor del local resultaba asfixiante. Yo estaba allí, abrigada por la madera, los amigos, las risas y sin embargo tenía frío. Ningún paraguas podía soportar la lluvia que sin verter arrasaba mis ojos. Quedaría contenida en espesas nubes de dolor, de soledad. La amistosa charla que me rodeaba no significaba nada, era solo ruido. Su voz no estaba tejida entre el resto.
Yo estaba allí fuera, bajo las gotas, transparente, añorando un susurro cálido que descongelase mi corazón.
66.- Charlando bajo la lluvia
Mi esposo me invitó a tomar una cerveza ese atardecer de sábado. Al mediodía empezó a llover pero insistió en que no canceláramos la salida. Le avisé a nuestros hijos quienes, absortos en sus estudios, ni me escucharon.Tomamos nuestros paraguas y nos fuimos.
Me pareció divertida la idea de conversar bajo la lluvia como dos adolescentes. Rememoré el tiempo cuando éramos novios y todo era risas y amor. Tal vez José quisiera demostrarme que aún era su muchachita a pesar de lo distante que se comportaba últimamente. Lamenté no haberme arreglado un poco más para estar acorde con su intención romántica. Mientras bebíamos hablábamos de trivialidades. Miré los árboles mojados mientras José dejaba su vaso a un lado. Sus palabras llegaron entremezcladas con el ruido de las gotas en mi paraguas: “María, quiero el divorcio”
65.-TEÓDULO Y AUDOMARO EN EL BAR RUBICÓN
- Mientras bebemos unos blancos voy a relatarte una historia, Teódulo, a ver si me crees.
- Adelante, Audomaro, no te cortes, aunque si te cortas, tengo tiritas a mano.
- ¡Qué gracioso, Teódulo! Por algo eres mi mejor amigo. ¡Brindemos! El caso es que ayer me atropelló un camión y mi vida transcurrió delante de los ojos: recordé la infancia, jugando a las canicas; volví a ver a Aureliana, mi primera novia; sonreí al ocupar mi primer puesto de trabajo; rememoré la ocasión en que se inició nuestra larga amistad y, en ese instante, anhelé con todas mis fuerzas poder despedirme de ti…
- Oye, ¿qué cuentas? ¡No estás muerto, estás aquí!
- Sabía que no me creerías. ¡De todas formas, brindemos!
Justo cuando brindaron por segunda vez, Audomaro se desvaneció instantáneamente cual voluta de humo, dejando a solas a Teódulo, incrédulo.
64.-SUCEDIÓ EN LA CALLE DEL SOL
- Lo harás bien, hijo. Al fin y al cabo, eres un Palomera.
- Estoy harto de fallar. Esta vez no os defraudaré. ¡Deseadme suerte!
Palomera júnior se echó a volar desde la repisa de la ventana. Toda la calle del Sol era ahora de su dominio, pero enseguida seleccionó un objetivo.
- Palomita mía, míralo bien. Ése que aletea es nuestro hijito. – dijo el señor Palomera, tan emocionado como su esposa, la señora Palomera.
– Puede que al fin se gradúe. ¡Oh, no puedo mirar!
- ¡Esposo mío, ya puedes abrir los ojos! ¡Nuestro hijito lo ha conseguido!
Palomera júnior por fin se había graduado. Contento, regresó junto a sus alborozados progenitores para celebrar la hazaña.
Mientras, abajo, en la calle del Sol, un señor mayor sacaba un pañuelo del bolsillo de la chaqueta, al tiempo que se lamentaba:
- ¡Asquerosas palomas!
63.- Whisky y harapos
Manchas de sangre en un cigarro que aún se consume lentamente, mientras sus labios cortados por el frío apuran los últimos brillos del cristal de una copa de whisky. Alrededor, solo humo y conversaciones vacías violadas por el sonido roto de una fichas de dominó.
Un cenicero de compañero, mientras el vaso se convierte en mar por el deshielo de sus polos. Océano que no emborracha, pero que ayuda a soportar las palabras sordas de aquellos que hablan de nada a su alrededor.
Una mesa coja queda desnuda cuando ella se levanta y arrastra sus zapatos silenciosos por el bar, sin llamar la atención para que nadie pueda ver sus ropas de trapo. No se avergüenza de su imagen, pero teme las miradas de asco y compasión que se clavan en su nuca como si fueran el gélido acero de un estoque.
Tarde lluviosa, alcoba de cartón mojada. Otra vez.
62.- NO CORTA EL MAR SINO VUELA".
Velero de velas veleidosas. Mástil dócil en la calma. Cegador celaje cerrado. Lejano faro cercano. Quilla perfilando las olas. Ociosos marineros vigorosos.
¿Y si de repente el aire enloquece, corre, vuela, sopla, revive?
¿Y el agua se embravece, se agita, se encrespa, salta, choca?
Atención: velas hinchadas, mástiles tensos, celaje revuelto, destellos del faro, vendaval incontrolable, olas descomunales, marineros trajinando.
Sorpresa: ¿qué es lo que ha cambiado?, ¿de dónde surge tanto viento, tanta agua, tanto movimiento?, ¿dónde se escondía semejante fuerza, tamaña energía, tremendo caos?.
Conclusión: Amaina la tormenta, cesa la lluvia, se afloja el velamen, se relaja la marinería, sosiego absoluto, silencio total.
Y sin embargo, la calma llega cargada de nostalgia, la tranquilidad resulta tediosa, la paz abrumadora.
Añoranza de la tormenta, de la vitalidad, de la fuerza, de la potencia, ¿tal vez de la vida?. Elogio de la lucha eterna e imprevista, desprecio de la huida temeraria.
61.- No recuerdo haberme lanzado al vacío”
No recuerdo haberme lanzado al vacío… Últimamente ya no andaba tan desesperado... Al contrario... Quizás hace meses lo hubiera hecho… No lo niego… Un salto y desaparecer… pero hoy no, sería absurdo, hoy por fin lo había conseguido... y no ha sido fácil… nada fácil… superar un despido, un desahucio y un divorcio es para sentirse orgulloso y más si te atacan los tres juntos… ¡Abusones! Hoy las cosas ya me iban bien. Un nuevo trabajo a medida, una chica dulce que dice amarme y un pisito alquilado en esta calle con nombre tan esperanzador… calle del sol… un buen lugar donde amanecer de nuevo. Sin embargo, sigo sin saber por qué la acera se aproximaba a gran velocidad… ¡Un momento!... No soy yo… se aproxima ella… yo estoy quieto… es ella la que viene hacia mí… es la tierra, quedesesperada y aburrida, ha decidido suicidarse… saltando contra mí.
60.- No corta el mar sino vuela
El día que descubrí que sólo podía leer los libros que ya había leído decidí cambiar de vida, abandonarlo todo y largarme a un viejo velero atracado en un puerto sin vida del norte de Europa.
Un viejo calafateador se convirtió en mi mejor y único amigo. Juntos, entre brea y estopa, decidimos escribir nuestras propias aventuras y recorrer, proa al viento, los fríos mares del Norte. La pluma se empapó de nueva vida y el crujir de la madera de la cubierta de Tusitala, nombre del navío, nos hizo sentir libres.
Pasados varios años y muchos puertos, nuestro barco se hundió entre las frías aguas y nuestras palabras emergieron en busca de nuevos piratas tan locos e intrépidos como lo fuimos en aquellas travesías.
59.- Un hígado intacto
Adicto al opio desde los quince años, aficionado al bourbon, el winston y los coches de carreras, alcohólico prematuro y vanguardista ocasional, el poeta Pierre Suquet, al que vemos en una foto de sus tiempos más canallas, falleció ayer en un hospital de París, tras recibir, después de cinco años de paciente espera, el hígado de una persona que rebosaba salud. El Dr. Jean Ganímedes, que dirigió la operación, aseguró perplejo que ésta había sido un completo éxito.
58.- EL NÁUFRAGO
El velero parecía un pájaro inmenso doblado sobre el mar. Yukio oyó el suave balanceo de su casco y pensó en los años que llevaba en la isla. Evocó, sin dolor, el rostro de su madre, recortado bajo un dintel de bambú; pensó en sus hijos varones y en su amada esposa Hang. Luego la imaginó preparando el té, con sus delicadas manos blancas...y un lívido sollozo estremeció su corazón.
El barco echó el ancla junto al perfil rocoso de la isla. Yukio avanzó y se arrodilló agradecido: por fin, después de Pearl Harbor, el Emperador acudía en su rescate. Había pasado treinta años encerrado en el corazón de la jungla. Ahora, por fin, podría regresar a casa.
Lamentablemente, según le contó el capitán del velero, la guerra aún no había terminado.
57.- GRAN CENTRO COMERCIAL
Desde que abrió el GRAN CENTRO COMERCIAL las personas de la calle Sol nunca volvieron a ser las mismas. Mi perro fue el primero en detectar la vibración. Creo que debieron introducir la máquina por la noche y la pusieron en funcionamiento el día de la inauguración, pero antes realizaron pruebas experimentales y fue entonces cuando Bubo sintió esas extrañas vibraciones. Gracias a él nunca llegué a traspasar las puertas del GRAN CENTRO COMERCIAL y pude mantenerme inmune. Mi sentido de la responsabilidad me obligó a buscar un antídoto, algo que frenase la voracidad consumista de mis vecinos, así que los convoqué en el Dolmen para buscar entre todos una solución. Pero fue Bubo quien nos inspiró acercándose con una vieja granada de mano en el hocico. Creo que en el Rubicón se ha iniciado una colecta para la dinamita. Los del Urban pretenden encender la mecha.
56.-SOL Y LLANTO
Sentado en el filo de mi copa vacía, al fondo de la taberna, me empapo de recuerdos, cierro los ojos, suspiro.
Olvido que estoy esperando, qué estoy esperando, hace cuánto tiempo de esta espera eterna, inconclusa, de cielo gris y muro de piedra fría en el infierno del alma. ¿Por qué la Santa Lucía me trajo aquí?
Lágrimas de soledad se estrellan contra los cristales. Quizá despiste a la noche llorando en la calle del Sol.
55.- CÁSTING
El vacío de su ausencia me desquiciaba.
Marqué un número. Sí, esta noche. A las nueve.
Marqué el segundo. Sí, esta noche. A las nueve.
Incluso marqué un tercero. Sí, esta noche. A las nueve.
Lo cierto es que ninguna de las tres me inspiraba nada.
A miss B la conocí en un concierto de jazz. Era miope, tenía las tetas grandes y no hacíapreguntas, eso me gustaba.
Lady M era inteligente, adicta a los somníferos y curiosa por naturaleza.
La señorita K, actriz de segunda, coleccionaba amantes ocasionales y zapatos de tacón.
B me quería, M me necesitaba y para K era uno más en su amplia lista.
Me la jugué a una frase.
Entre las tres te elijo a ti , rubia maldita, para que anides en mi catre esta noche.
54.- NOSTALGIA
Hubo un tiempo en el que la calle Del Sol era el centro del Universo, todo giraba en torno a ella, allí se celebraban todos los días campeonatos del mundo de las más diversas disciplinas: peonza, chapas, fútbol, vueltas ciclistas, etc. Como es lógico se realizaban diversas expediciones, tanto a las huertas cercanas, con el fin de sustraer diversos manjares, como a las calles colindantes, para hacerse con todo tipo de útiles que allí se encontrasen. Esto normalmente solía acabar en un enfrentamiento con los chavales de dichas calles, guerras de cerbatanas, de tirachinas, de garbanceros, urrias de peras, manzanas, y raramente de piedras. Era un honor resultar herido defendiendo tu calle, a las chicas les parecías un héroe.
Y aunque esto pasó hace una eternidad, cada vez que vuelvo a mí barrio no puedo evitar que el poco vello que queda en mi vieja piel se erice.
53.- PERSIGUIENDO A SARA
Comenzaba a estar cansado de este maldito caso; en tres meses había recorrido media España detrás de una muchacha más escurridiza que el mismísimo Houdini.
Sara era toda una buscavidas, solía trabajar a cambio de comida y alojamiento, normalmente para gente conocida. Cuando en Gijón me enteré de que se dirigía hacia Santander para quedarse una temporada supe que era mi oportunidad. Según me dijeron trabajaría en la calle Del Sol, en el bar El Rubicón, que pertenecía a un viejo amigo de su hermano mayor.
Cuando llegué allí, la calle parecía sacada de otro tiempo, se respiraba un ambiente bohemio. Entré en el Rubicón y la ví, me sirvió un Jack Daniel´S con una sonrisa que jamás olvidaré, sus enormes ojos azules tenían la frescura del mar, y toda su fuerza rompiendo contra las rocas, libre, incontrolable, fue entonces cuando supe que nunca regresaría a casa.
52.- CHARLANDO BAJO LA LLUVIA
Sesenta y siete años no significan nada. Así era y así sigue siendo ella. Vibrante, vital. Impulsiva y aventurera. Sólo ella podía convertir un Martes gris y lluvioso en toda una experiencia que atesoraré el resto de mi vida. Siempre te recordaré así, madre, chispeante, tomando una cerveza bajo un incesante aguacero en la calle del Sol, cubierta con tu paraguas, transformando una tarde mediocre en una memoria feliz, a la que volveré una y otra vez con los ojos velados de nostalgia.
51.-UNA DECISIÓN VITAL
Miró en el espejo su ojo morado, un corte profundo en la mejilla y las magulladuras de los brazos. Eso no era nada comparado con el dolor que sentía en su autoestima, con las heridas sangrantes hechas en ese interior que era su vida.
Se quedó ensimismada unos instantes mientras recordaba tantos años de sufrimiento y se dedicó una sonrisa.
Unas horas después, mientras hablaba con un viejo amigo y saboreaba bajo la lluvia una cerveza, soñaba con su futuro y decidía la mejor manera de hacer desaparecer el cuerpo de su marido.
50.- NO PENSÉ QUE TE VOLVERÍA A VER
No pensé que te volvería a ver, y menos en ese lugar. Fue extraño. Esta vez no sentí aquello que me hacía retorcerme de dolor por saber que te había perdido. Esta vez fue diferente. Creo que me alegré, aunque en cierto modo sentí que no fuese como antaño.
Es interesante pensar en la gente. En lo que cambiamos y en lo que cambiaste. Todas aquellas promesas que ahora están en saco roto y más que enterradas. De vez en cuando me acuerdo, y el rumor de aquellos días todavía hace que me estremezca. Pienso que no éramos nosotros o tal vez ya no seamos los que deberíamos ser. El mundo se mueve y la gente cambia. Es ley de vida, supongo. Te veo pasar y hacer que no me conoces mientras llevas una copa en tu mano. También esto es muy típico. Bebo e intentaré olvidar que te vi.
49.-LOS OJOS DE “EL SOL”
Salía… él entraba.
- “¡Hola! … ¿te acuerdas?”
Miro al muchacho –no lo conozco- unos veinte años, moreno, ojos negros, sonríe …
Esos ojos …
Pellizco en el estómago. Recuerdos: años ochenta, trabajo de verano, universitaria progre. Así la conocí –“ en la amistad como en el amor, también existe el flechazo” - decía y me abrazaba riendo con esa misma risa cálida, sin complejos, contundente como el astro que da nombre a la calle en que vivía –“ aunque los curas no quieran, es “Del Sol “ - decía voluptuosa en aquel bajo lúgubre, sin retrete, colchón al suelo –“pobreza libertaria” – añadía y todo era posible…
Hoy la casualidad saliendo del Rubicón. La calle se ha vuelto sepia. Esos ojos… El pellizco cede y brotan las contenidas lágrimas de impotencia y dolor quince años atrincheradas por la amiga que segó el cáncer de mama… :
-“¡Eres el hijo de Teresa!”
La abrazo y la calle es El Sol.
48.- LA HISTORIA
Los balcones enfrentados se inclinaban saludándose. Se encontraban tan cerca unos de otros que podían contarse historias, historias de gentes que caminaban de noche y desaparecían de día, como lechuzas andantes.
Una noche, un balcón escuchó una historia, tan triste, que por sus cristales rodaron gotas de agua. No llegó a verla, y poco después le pareció que se alejaba.
La triste historia flotó lentamente hacia el final de la calle, donde las casas se separan, se abren como pájaros que levantan el vuelo asustados, donde sus ventanas no pueden hablarse y no pueden reflejarse las unas en las otras. La historia llegó como un rumor lejano, y en la cuesta del fondo perdió pie y, al amanecer, se evaporó.
47.- VIEJOS TIEMPOS
“Por los viejos tiempos” –dijo Fabio entrechocando la jarra con su antiguo camarada. Pensó en la novia que le había robado y se le agrietó el alma. El bar seguía como lo recordaba. La mesa del rincón dónde la baraja había decidido que marchara, todavía debía guardar la muesca hecha a navaja. La vida no le había tratado demasiado mal. Ni las arrugas ni las canas daban muestra de ello, pero por dentro, ni un solo segundo había dudado que volvería. Y allí estaba, frente a Ponti, intentando disolver el nudo de la garganta. Le dio dos palmadas en la espalda, echó una gota de veneno y pensó que el pasado debía quedar atrás. Se dijeron “Salud” y bebieron. Ponti cayó fulminado. “Un infarto”-dijeron. Fabio, que acababa de ajustar cuentas, sonreía como si se hubiera arrancado años de la piel. “Por los nuevos” –y terminó de apurar su copa.
46.- CICLO SOLAR
Nunca podré olvidar la luz que sin pedir me regalaste. Anocheciendo, entraba en tu calle por el lado Oeste, para no volver a salir del ático hasta el alba, cruzando la iglesia, siempre hacia el Este. Una madrugada sonámbula, en pijama bajamos al bar, y con seis mojitos junto al piano, rubricamos nuestro amor eterno. Justo un año después de encontrarte llegó el eclipse, ningún cobarde telediario quiso pronosticarlo.Cuernos, suicidio, jamás me creí los chismes de la galaxia. Aterrada desapareciste, temías marearte en la segunda vuelta del tiovivo, obligada a ser bombilla otra vez del mismo planeta. Me consuelo pensando que todavía nos quedan otras veintiocho noches, nuevas y llenas de locura, con pasión creciente, menguantes de toda amargura. Será fácil buscarte, tu linda palidez perforará el mar de cualquier ciudad costera. Espérame un 24 de Junio, pero esta vez en la calle de la Luna.
45.- ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE
El Sol ha venido a buscarme. Era la frase estúpida que le venía a la cabeza cuando aquella luz horrible y magnética le iluminó. Ya estan aquí. Ya están aquí, joder.
Comenzó la noche con el viejo pensamiento de no salgo. Pero sí. Una cerveza en el Urban, y otra. Dos mojitos en el Rubicón. Tres, al final, tres. Algo en el Dolmen. Algo bueno porque entró rápido. Tanto, que se repitió en varias ocasiones. Y tres amigos, y seis y dos y él solo, calle arriba. Serían las cinco y poco. Y de pronto toda la luz del mundo le iluminaba. El Sol había venido a buscarle, como en “Encuentrosen la tercera fase”. Cojones.
- Vengo en son de paz -gritó a la luz naranja en un tono etílico y desencajado.
- Nosotros no, capullo –se escuchó segundos antes de la abducción.

44.- CHAPAS.
Se fue de noche. Apuntó en una chapa de cerveza su teléfono y caminó entre la gente animada que saltaba del Dolmen al Urban y al Rvbicón y viceversa, y viceversa. Entró al Metropole. Ella aún no había empezado su turno. Dejó la maleta a un lado. Arrancó una de las mil chapas de la pared y colocó la suya. Con fuerza, con rabia. Acbrás llamndom, le envió al móvil.
Ella notó la vibración. Sacó el teléfono. Hizo una mueca. Borró el mensaje y el número. Fuera tentaciones pensó con seguridad de nueva rubia. Aceleró el paso. Esa noche curraba. Camarera eventual y divertida convertida en camata fija y gris. Vida eventual y brillante transformada, tachán, en fija y mate. Jaque mate.
Unos cientos de semanas después la chapa cayó bajo su tacón. Ella recordó el teléfono. Llamó. Contestó una mujer. Lloró plácida sobre la barra hasta que entró gente.
43.- “CALLE DEL SOL”
Llegué a Santander hace años... Era un verano delicioso. Disfrutábamos mucho, bañándonos en ese Mar Cantábrico, siempre maravilloso.
Un día, quise conocer el centro de la ciudad, más allá de las playas, y, comencé a recorrer calles, plazas, tiendas…
Era la hora en que el dios Apolo aparecía por allí, ese dios al que los poetas han atribuido grandes maravillas, dios de la luz coronado de
rayos, surcando los cielos en un carro, carro del Sol, tirado por cuatro caballos blancos.
Sí, Apolo debía estar cerca pues todo brillaba con una claridad especial; de pronto, me pareció que le vislumbré allá arriba.
Miré hacia la placa de la calle… “Calle del Sol”. Ahora comprendía porqué era todo en ella claro, alegre y bullicioso, cálido y familiar.
Anochecía…
Quizás Faetón había pedido a su padre, Apolo, que le dejara conducir el carro y se había alejado de allí.
42.- Sin título
Siete de la tarde, fría y lluviosa. Ha sido un día agotador. Las hojas que también salían despavoridas de su jornada laboral se me han pegado a la suela de los zapatos.
El camarero de siempre y el mediano habitual.
Una pareja charla con sus cervezas medio vacías y un paraguas que soportar. Me resulta peculiar. Tal vez prefieren el silencio de la lluvia golpeando con fuerza el cristal de sus mesas. No sienten lo que yo. No sienten el frío, ni el ruido, ni la humedad en sus calcetines. Se cobijan en una caña que seguro para ellos está a medio empezar. Es lo que tiene saber disfrutar.
Vuelvo a mirar el reloj. Las ocho, aún queda mucha tarde y ya solo chispea. Doy las gracias y salgo por la misma puerta. Las hojas que antes gruñían, ahora revolotean cuan divertidas y juguetonas. Por fin ha dejado de llover.”
41.- TIEMPO
Aurora se detuvo y susurró, más para sí misma que para el mundo:
-Qué extraño resulta darse cuenta por un trozo de pared desconchada de que la vida pasa volando.
La idea se desvaneció de su mente y, sin más, reanudó la marcha, como si hubiese sido la necesidad de atención a ese pensamiento, incompatible con seguir caminando, la culpable de la parada.
-Claro que- pensó en alto, obviando la media hora transcurrida entre su parada y ese momento- puede que el problema no sea que el tiempo pasa deprisa, sino que la vida es corta. ¿Te parece a ti la vida corta, Elena?
Llevan sesenta años juntas y nunca han hablado de ello.
-Dicen que nacer es empezar a morir, así que no hay tal vida, sino muerte.
-Y tú, ¿estás de acuerdo?
-Lo estaba, pero, cuando te conocí, dejé de morir para siempre.
40.- CAOS
Se despierta segundos antes de que suene el despertador y lo apaga, evitando que lo haga. Ya no necesita programar el viejo reloj, pues el suyo, más viejo aún, al no tener como motor un par de pilas, sino el miedo, funciona con la antelación de quien vive huyendo.
Se incorpora haciendo el menor ruido posible, se viste con la ropa escogida 10 horas antes, sin preocuparse del tiempo que hace ahora fuera,agarra su bolso y se marcha.
Tras horas de trabajo tranquilo vuelve a casa. Pasa por delante de un grupo de mesas y sillas perfectamente ordenadas y suspira. Al llegar a su piso el torbellino se desata. Nada más abrir la puerta se encuentra con su rostro desencajado y el caos estalla. Ella recuerda las mesasy sillas.
Una vez que todo ha terminado, se dice que al día siguiente lo denunciará. Al día siguiente, lo hace.
39.- Eva murió ayer - “Eva murió ayer.”
La frase se perdió entre las nubes de tabaco y palabras que flotaban en la penumbra del bar. Los cuatro jóvenes no levantaron la vista de sus vasos. Ya lo sabían. Lo habían leído en el periódico o se lo habían oído a sus vecinos a lo largo del día.
- “Se veía venir, ¿no?”
En la mesa de al lado un grupo de chicas se reían de forma un poco obscena (les pareció) dadas las circunstancias. Una de ellas hablaba a gritos por un teléfono móvil rosa y diminuto. Tenía los ojos enrojecidos.
- “¿Sabíais que estaba embarazada?”
Saberlo o no, no cambiaba nada. La chica del móvil minúsculo apartó a sus amigas de un empujón y salió corriendo del bar.
- “¡Estaba tan enamorada!”
De la puerta entreabierta del baño les llegaba el olor a orina. En la calle llovía sin parar.
Eva estaba muerta. Se veía venir.
38.- POCO ESPACIAL Y MENOS RAZONAMIENTO
Recuerda la terraza de la emblemática calle a unas aspas de molino o tal vez más a las casetas que atisbábamos cuando el gran Visconti nos sumergía en la lasciva Venecia en la que un viejo escritor perseguía la belleza que en el fondo lo que escondía era su deseo de acostarse con un adolescente ambiguo. También a un baile de salón de los que contempló Santander cuando era refugio de los aristócratas que ahora han sido sustituidos por los botines de espabilados banqueros a pesar de los tiempos de cólera y de crisis. Y hasta a un tío-vivo que nos marea y aturde casi más que un vino antes del aperitivo matutino santanderino. Buena toma. Conjuga el movimiento con la tranquilidad que al final solo conseguiremos en campo santo. Y no todos. Mirando al mar. Soñé.
37.- LA CALLE DEL SOL DE SANTANDER
En este caso he tenido la sensación, sin haber pisado nunca la verde Santander, que muchas veces he transitado por la calle del Sol de la capital cantabra, porque somos lo que vivimos, soñamos o imaginamos y no existen dos casualidades iguales nunca sino que es el destino es que nos fuerza a encarrilar nuestra vida por diferentes derroteros que al final nos llevan al mismo camino. De ahí esa sensación de que hemos estado en un sitio cuando es la primera vez que lo pisamos. Coches a ambos lados la hacen mas estrecha de lo que se merece y al final la experiencia de que hemos podido desprendernos de nuestra carcasa material y volar y volar hacia el Norte y oler el Océano Cantábrico que tanto me recuerda siempre a un sexo femenino maduro pero todavía húmedo y tierno.
36.- LA LUZ.
La luz de la calle del sol es siempre la de una bombilla ambarina, endeble, a punto de fundirse, y a pesar de ello no habrá calle en esta ciudad costera donde los rostros sean más claros.
Bajo las bombillas del sol se cometen aciertos y fallos, por acción u omisión, atenuados por la ebriedad o exaltados por la misma. Y todos buscan ese momento que cambie su vida, o esa charla que alumbre un poco más la misma.
Un año, en navidades, colgaron cientos de bombillas con navideños motivos de zambombas luminosas, y todo el mundo pensaba en coitos interminables y enérgicos: En Nochevieja follamos como leones y leonas; Otro año el motivo eran los camellos, y en enero los reyes trajeron a todos grandes fichas de costo…
Todo el día quejándonos del consistorio para no acertar a saber que siempre fueron los aliados de nuestros sueños.
35.- AUSENCIA Y PRESENCIA
Subo por la esquina de la Conveniente hacía el Carmen. Son las dos de la mañana y quisiera pasar un rato con Carlos antes de que el Urban cierre.
En medio de la cuesta me cruzo con una vieja conocida y dice, mujer con raíces en lugar de piernas dice:
-Vienes mucho por aquí - certificando inconsciente que mis ausencias son ahora más prolongadas que mis presencias.
Tras un superficial intercambio de información, nos despedimos, mientras el eco de sus palabras me convierte en exiliado y viajero a un solo tiempo.
Acelero el paso y alcanzo a mis amigos; maravillosos en santanderina proporción (dos chicos para una chica).Y como toda marcha es preparativo de muerte y celebración de vida, y me acaban de recordar que marcho, durante el resto de la noche disfruto aun más si cabe de música, humo, voces y rostros bañados por la luz de los cármenes.
34.- SUENA UNA CORTINA DE AGUA.
La tormenta es una canción monótona y relajante. Huele a frio y a invierno. Gota a gota. A veces pausada y a veces furiosa. Resbala incesante y juguetona sobre cuerpos que corren, sobre coches y tejados, sobre paraguas de colores. Los más inocentes, los niños, disfrutan del remojón y los charcos. Cuando yo era uno de ellos, mi madre me conto que mágicamente al tocar la tierra la lluvia se convierte en rio para limpiar la ciudad y poder arrastrar con ella impurezas y recuerdos dolorosos. Por eso hoy la he traído aquí, a esta terraza. Juntos dejamos que el agua purifique nuestro alma. Dejamos que una caña nos alegre el corazón. Esperamos pacientes a que el sol gane la batalla y haga que esta calle con millar de perlas liquidas, brille y renazca en todo su esplendor.
33.- LOCURAS DE LA EDAD
Nací en el bar de Vicente y hasta ser una auténtica Queen pasé por distintas fases, desde la prehistórica hasta la urbana más total, con mis piercings y tatuajes, culturizándome en Academias y leyendo libros de viejo. Poco a poco fui llegando a la edad en que tienes que decidir y mi auténtico Rubicón fue saltarme la Iglesia sin mirar atrás hasta alcanzar la otra orilla, mirando siempre a la izquierda donde las edificaciones resultaban más robustas y bellas. Pasó el tiempo y mi andadura comenzó su decrepitud, aunque no puedo negar que algún rayo del Sol la animó. Ahora estoy llegando al final del camino y mi única obsesión es encontrar la manera de poder quitar del medio a esta horrible Sardinera para poder continuar con este viaje. Serán locuras de la edad.
32.- (Sin título)
Francisco amaba a La Chelo y una mañana se armó de valor y la invitó.
Sentados en la calle del Sol empezó a llover.
¡Valla contrasentido!, Pensó Paco
Y ella pidió una de rabas.
Sacaron los paraguas y La Chelo ofreció:
“Pica un poco, Paco”
Y Paco pecó… (era un poco sordo).
31.- (Sin título)
Un año después quedaron para verse en la calle del Sol, donde empezó todo.
Él pensó que quedando en el bar de debajo de casa sería más fácil que ella se animara a subir. “Un café y te enseño el piso, está como siempre”
Ella pensó que quedar allí era ya el primer paso para volver. “Una cerveza y porqué no me enseñas el piso. ¡A saber cómo lo tienes!”
Llegaron casi al tiempo y se sentaron en la terraza..
Un café, una cerveza…y empezó a llover. A los dos les pareció un buen comienzo.
Hubo un silencio.
Él dudó.
Ella dudó.
Pero abrieron los paraguas y pidieron otra ronda y otra más.
30.- UN MINUTO DE VIDA
Esta es la historia de un hombre que creía no ser buen pescador porque le daba pena pescar.
Se pasaba las noches navegando en su barco a la luz de la luna contemplando el mar en calma.
Un día zarpó al amanecer, para viajar en barco por el mundo, hacer su sueño realidad y dejar de ser pescador, porque un minuto de su vida le sirvió para ver el camino que realmente quería seguir.
Se dio cuenta que solo se vive una vez y dedicó cada día de su vida a conocer lugares que no había visto antes y culturas de otros países.
El tiempo no espera por nadie; decía que antes de irse de este mundo quería ver como las olas chocan contra las rocas, y que podría pasarse las horas viendo el esplendido paisaje de la bahía de Santander y vivó cada minuto como si fuera el último.
29.- LA TABERNA ANTIGUA
Hace muchos años unos amigos se reencontraron en una taberna en Chile.
Allí discutieron por una mujer muy guapa, llamada Linda.
Ella no sabia a quien escoger y les propuso un acertijo:” El que lo averigüe, será el elegido”. Charly y Mikel se pasaron las noches en vela, intentando resolverlo para sorprenderla .A la 2 ª noche sin dormir Charly lo resolvió.
Al día siguiente se levantó para ir a la taberna antigua y contárselo a Linda. Sorprendentemente al entrar a la taberna Mikel estaba hablando con Linda, justo cuando Charly fue a saludarla Mikel le quito el papel en el que tenia la solución, llevándose todo el mérito. Entonces los dos amigos empezaron a darse golpes el uno al otro y los tuvieron que separar. Linda decidió ignorarlos.
Tras pasar varios días Charly y Mikel reconocieron que se habían comportado como unos auténticos imbéciles y brindaron por su amistad.
28.- Ella
Estaba caminando por la calle del Sol buscando algo que me inspirase para escribir mi libro y de repente las hojas dejaron de bailar, el cielo oscuro otoñal se abrió y apareció un cielo azul y una luz que brillaba intensa. Era ella, la chica de mis sueños, mi musa, mi inspiración. Me quedé embobado como si fuese un chico enamorado de amor. La chica paso por mi lado y note como me faltaba el aire. Cuando me recuperé, ella ya no estaba. La fui a buscar y no la encontré. Estuve pensando en ella las siguientes semanas y cuando ya creí haberla olvidado apareció. Yo estaba sentado en un bar tomándome un café y escribiendo cosas sin sentido. La miré y seguía viendo la misma chica perfecta. Ella me devolvió una sonrisa, se acercó a mí y desde ese día empecé a escribir sobre mi futuro, sobre ella.
27.- EL BAR
Abrió los ojos, rojos como demonios, tristes como los de un mastín, grandes y agradecidos como los de una vaca recién parida. Miró las caras y no las reconocía, no eran las mismas que antes le hablaban, ahora movían los labios pero no decían nada, rostros intrascendentes y patéticos, sin palabra y sin alma, como el suyo. Comprobó sin sorpresa que no había desaparecido aquel pequeño dolor, aquel desasosiego empalagoso, tan conocido, que lo había traído hasta aquí y se sintió contento. Vivo. Pidió otra copa porque todavía era pronto y al fin y al cabo era viernes.
Con el primer sorbo, supo que esa noche tampoco encontraría la redención y que, esta vez sí, dejaría de buscarla para siempre.
26.- Las vísceras de los polígonos industriales que se sueñan.
De la mano se les veía pasar por La Calle del Sol. A veces se encontraban con amigos y conversaban. Se deseaban buen día y seguían su paseo tendiendo al mundo sus vísceras machacadas. Entonces, por arte de magia, la Biblioteca aparecía a su izquierda. Denver tentaba a la suerte y miraba al cielo en busca de alguna excusa para poder echar un vistazo a los autores rusos del XIX. A veces se las ingeniaba para seducir a June con promesas gastronómicas a cambio de unos minutos entre los estantes donde las novelas se agolpaban. Era una pareja tendida en los raíles de la vida. Ella disfrutaba escuchando historias de mujiks y príncipes que perdían sus calesas como ellos perdieron sus sueños. Ellos conocían la distancia que separaba la realidad de esas novelas. Sabían de sobra la pereza con la que los días pasan cuando apenas queda nada que perder.
25.- Primer contacto
Maldita sea. Siempre me tiene que pasar en los momentos más inoportunos. Mira que se lo dije. “Cuida de que no me pase a plena luz del día, ante los ojos de todos”. Un patán, vamos.
Tengo que concentrarme en pensar una solución. Gracias al cielo, he cerrado las salidas mediante telequinesis. Nadie podrá abandonar el edificio. El destino ha querido que me ocurra en el bar de la azotea. Así todo será más fácil.
Aún no es el momento de darme a conocer. Por lo tanto, y lamentablemente, mi primer contacto con los humanos será éste. No puedo dejar que se vayan tras verme levitar. Los muy inocentes salieron pitando. Ahora estarán aporreando las puertas de cristal. A ver si consigo bajar de aquí… Ya está. Ahora viene lo peor. Qué oficio tan desagradable.
24.- Cincuenta Escalones
Once mesas, cuarenta y cuatro sillas, una menos de las que debiera; hoy como cada día. Ciento veinte kilómetros por hora y una madre que me mira desde el marco de la puerta de la cocina mientras observo la calle; hoy como cada día.
23.- Uno más.
Una infidelidad que le pide el periódico a un fiel. Una herencia poco dividida a un grifo apostada. Melanoma haciendo esquina que mira de reojo al que recorrería el mundo surcando el cielo y ese silencio de entre vinos en vaso de vino.
Parroquia de esperanzas sedentarias, línea recta entre lo que pasara y lo que no pasará. ¿Parada de qué camino?.
Mañana será el día, cerraré y ya está.
Bueno. Aunque mañana viene Pedro, y últimamente está jodido.
22.- ¡Salud por Eso!
Estamos de pie brindando por la vida, esa vida que da y quita al mismo tiempo. Brindamos por el amor y por el desamor. Cuando uno ama de verdad y es cruelmente rechazado, el único lugar que te acoge es el bar, como una madre con los brazos abiertos. La vida nos lleva por un sendero desconocido, brindamos también por esa incertidumbre, ya que aventureros somos, por caminos sombríos y llanuras desiertas, mas intentamos ir por el río siguiendo la corriente. ¡Salud por eso! Porque somos esclavos del destino o del azar, y cuando amamos lo hacemos con pasión, como si fuese la última noche de placer. Brindamos porque somos hombres de bien, con la honra siempre por delante y la lealtad de perros. Brindamos por último, porque nos gusta brindar. Es una sensación de poder única, de que todo lo brindado será entregado y recibido con los brazos abiertos.
21.- AUSENCIA
Siempre estabas mas nunca estuviste. Tu presencia invisible era tu fría y gélida falta de presencia.Tus pantalones azules parecen caminar solos como una sábana blanca soltada al viento. Contigo aprendí lo que es “la nada” y me hice eterna amiga de la soledad. Siempre me hiciste sentir como encerrada entre cuatro paredes blancas sin forma ni textura. Sin nada que observar, que oír o que tocar, y en total ausencia de fantasías para poder huir en ellas. Cuando te vi de pie frente a esas cubetas vacías, azules y vacías igual que tú, supuse que inconscientemente te reflejabas en ellas. El incansable abismo que hay en el fondo galopando hacia tu interior, simplemente me deja sin habla. Y así nos convertimos en un par de ausentes, sentados uno al lado del otro, hasta que la naturaleza habla por sí misma y nos otorga la salvación.
20.- ÓBITOS
Ahí esta el que un día fuese mi sueño y hoy solo un simple recuerdo, donde queda impregnada la huelladel paso del tiempo: sola, descolorida, agrietada en busca de Caminos nuevos, aun tiene ganas de vivir aventuras como las de no hace mucho tiempo, en las que los sueños no tienen precio y el amor va en el viento. Ahí queda el recuerdo de un primer amor, mi primer amor, donde pasaba el tiempo a escondidas con él, lejos de ajenos viviendo mil y un sueños.
¡Qué recuerdos aquellos! ¡Cómo pasan los tiempos! El vivir es tu sueño, solo debes tenerlo. Sueña
19.- RAZONAMIENTO ESPACIAL
Un día inundado por la calma y la tranquilidad en la terraza de un bar:
Una, porque el día no esta muy bonito
Dos, porque parece que no hay trabajo para los/as camareros de este bar.
Tres, y último de los motivos por los cuales el ambiente esta muy triste, porque no hay nadie en él o por lo menos eso se ve en la terraza….
A mi parecer hoy es domingo y el ambiente esta calmado y sosegado…
Por otra parte esto aunque por una parte no es bien de todo por otra tampoco esta mal del todo, puesto que el trabajo de camarero/a es un trabajo muy duro y que requiere mucho esfuerzo y a mi parecer, díascomo estos son buenos totalmente para los trabajadores de ese bar porque obviamente trabajan normal pero sin presión.
Esto a mi parecer es una autentica regla de tres.
18.- EL BUSCADOR DE TESOROS
Una leyenda dice que dos hombres dedicaban su vida a buscar tesoros.
Recorrieron el mundo con su barco en soledad en busca de estos preciados objetos. Un día encontraron un pergamino que les llevó a un laberinto que había bajo una ciudad. Estaban perdidos en los túneles cuando de pronto vieron un resplandor. En el encontraron el brillo de todas las estrellas del firmamento.Fue su objeto más hermoso jamás presenciado.
Habían conseguido lo que habían buscado toda su vida pero descubrieron que no estaba permitido alcanzarlo.Esto le hizo ver que el mayor de los tesoros no puede sostenerse en las manos, era el saber reconocer cuando el destino nos muestra el camino que debemos seguir…y cuando debemos detenernos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

17.- UNIDOS POR UN SENTIMIENTO
En el bar Rubicón todas las mañanas suele ir los clientes habituales, allí son como una gran familia,suelen pedir lo mismo todas las mañanas, a la hora de siempre, pero ese día en concreto, había una ilusión especial, el Racing de Santander,el equipo de la tierra, se jugaba el entrar en la Championsante el Madrid,la gente ese día estaba muy ilusionada, se jugaba el entrar en Europa y ser conocidomundialmente, el partido sejugaba a las 18h,en el bar no cabía un alfiler , la gente pedía lo habitual,la mayoría cervezas Heineken, el partido comenzó, el partido comenzó bien para el Racing ya que metió gol, el Madrid consiguióel empate, pero en el descuento el Racing metió gol y se llevó la victoria,desde ese día la gente suele ir al Rubicón a ver los partidos, ya que según dicen,es talismán para el Racing.
16.- NO CORTA EL MAR SINO VUELA
Mi destino era Santander, con la cerveza por la que tanto pagaban allí. Para llegar me habían dicho los más sabios de la profesión que tendría que identificar la Isla de Mouro y atravesarla por su lado oeste, entre esta y una península llamada Magdalena. Me parecía imposible encontrar la isla, a lo lejos se divisaba una especie de faro, pero demasiado alto para serlo. Al acercarme un poco más comprobé quetenía un terreno de más o menos dos hectáreas. Era extraño por su terreno llano. A medida que avanzabaveía los peces bajo el agua, como también me habían dicho los sabios. Ahora si que estaba seguro, era Mouro, con su faro en una de las partes más altas de esa rocosa isla, esto no me lo esperaba sobre el agua una ballena muerta, me sorprendió más aún cuando movió suinmensa cola, provocó una gran ola y me llevó a mi destino.
15.- EL RECUERDO DE ESA CALLE.
Una historia entre la verdad y dolor. No solemos conocer a alguien en una noche, pero ella lo hizo, no puede olvidar eserecuerdo horrendo y tenebroso en esa noche de invierno.Perdió varias cosas esa noche, y gano un gran temor:No poder caminar sola por la noche de Santander, cada vez que pasa por ese bar le vuelven a la cabeza ese recuerdo.El se pasa todas las noches en una celda por el crimen quecometió.
El observándola toda la noche mientras ella se tomaba una copa por lo mal que lo esta pasando.
Al salir del bar, el la atrapa entre sus brazos fríos y llenosde malas intenciones .Ella no podía no gritar el la tapaba con susdedos la boca para no poder gritar, con la otra mano sujetaba.
En esa noche ella perdió su confianza y gano gran temor a esa calle.
14.- CHARLANDO BAJO LA LLUVIA.
Hacía mucho tiempo que no sabía de ella, hasta aquel día. Ansioso por saber como le va todo, ya que no la veía desde la universidad.
Una tarde lluviosa, esperando su llamada como tantas otras tardes. Sonó el teléfono. Era ella, me invitaba a tomar algo en el bar de la esquina. La esperé sentado en una de las mesas del porche, con mi paraguas, ya que llovía bastante. La pregunté si la pasaba algo, no tenía muy buena cara.
Y entre sorbo y sorbo me explicó. Después de que la despidieran de su anterior empleo, no había trabajo y tubo que meterse a repostería. No la recibieron bien sus compañeros, la hacían el trabajo mas duro de lo que era. No sabía que hacer, y dimitió. Su jefe, al ver que nadie realizaba bien el cargo, la volvió a llamar. Ella dándoles otra oportunidad volvió a su cargo.
13.-CHARLANDO BAJO LA LLUVIA
Marta tenía en la cabeza que si lo quería hacer y estaba convencida, pero laura le decía que no, que eso era mala idea y que debía estar realmente convencida, pero su idea seguía adelante. Un día llamo a Laura y se lo comento que ya tenía los billetes y eran dos, Laura no protesto. El viaje consistía en ir a la India y donar un riñón a una pequeña niña de tres años, estaba a punto de morir.Hicieron las maletas y emprendieron viaje. Llegaron allí y se pusieron en busca de la pequeña, Marta estaba muy contenta, por su cabeza pasaban escenas de la niña en perfecto estado y eso la hacia muy feliz. Una noche antes de la delicada operación marta estaba en su cama, cuando de repente sintió un dolor muy fuerte. Al día siguiente laura se despertó y la toco, marta había muerto.
12.- DE COPAS CON LOS AMIGOS.
Un día como otro cualquiera quedamos todos los del barrio para ir a tomar unas Copas. Quedamos a las 10 y como siempre todos estuvimos esperando a Alba que siempre llega tarde. Cuando llego alba todos juntos nos fuimos a una terraza a empezar la noche con un buen “cachi” de “calimocho” seguido de otro. Luego seguimos bebiendo. Ángel que es el que más presume de beber y siguió y siguió hasta que se empezó a encontrar mal. Estuvimos con el y le preguntamos que si quería ir al hospital y dijo que no. Pedro que era su mejor amigo preocupado llamó a la ambulancia y Ángel se enfado con el y le pego un puñetazo y se fue por ahí y siguió bebiendo. Al final le encontramos por ahí tirado y se lo llevó la ambulancia. Murió porque lo desenchufaron porque no se despertaba del coma tilico.
11.- VACÍA.
Vacía. Siento que mi vida está vacía, al igual que estas mesas y sillas. Sillas y mesas en las que parece no sentarse nadie mientras yo las esté vigilando, como si estuvieran ahuyentando a la gente de alguna forma, deseando compartir mi soledad. Una soledad que lleva acompañándome demasiado tiempo.Y el tiempo sigue pasando y continúo sin tener claro mi futuro. Un futuro incierto en el que sólo tengo clara una cosa: una norma. La norma que me prohíbe abandonar mi casa por motivos de salud. ¿Es la salud el problema de mi vida? En apariencia, sí; en el fondo, no. ¿Acaso no podría ser feliz bajo el techo de mi hogar? Sí, podría, si dejara de pensar en todo aquello de lo que he tenido queprescindir y me centrara en lo que sí que puedo hacer. Sólo así conseguiré obtener una vida plena. Llena.
10.- LA SOLEDAD Y EL ENCUENTRO.
As, sota, siete…siempre jugando al solitario queriendo encontrar algo…buscando ganar. Pero, ¿qué es mejor ganar o perder?…No sé, es lo mismo…creo…con las dos algo se aprende, o así, lo creía Lucía.
Siempre jugaba creyendo que algo en su vida cambiaria…creía que el amor que Pablo sentía sería mayor, pero sólo si ganaba, si colocaba en su sitio los cuatro palos de la baraja…así como su vida…y entonces Pablo más la querría.
Pablo quería a Lucía más de lo que ella creía, cada vez que ella aparecía el corazón de Pablo latía, como el primer día…cuando se chocaron porque Pablo llegaba tarde a sus clases de balonmano…Pablo nunca podría olvidar su mirada, ni su olor, ni su melena…no, no podría olvidarla pues él la quería.
Y, mientras tanto, Lucía seguía jugando al solitario…
9.- Sin título.
Todos los días a la misma hora se asomaba a la ventana, con la única intención de mirar su calle, la calle que tantos recuerdos le guardaba y a la cual sentía como una amiga, una amiga discreta…ya que a nadie le contaba sus secretos…los de Erika…
Erika tenía 31, estaba acabando su licenciatura de filología francesa. Estaba acostumbrada a los distintos comentarios acerca de su tardanza en madurar, en acabar su carrera y en ponerse a trabajar…
No tenia prisa por crecer, no quería crecer sin recuerdos…creía que solo los que la página de un libro le podía proporcionar no eran suficientes, necesitaba llenar su vida con algo más…
Erika sabia que cuando terminase quizás ya nada la detendría en aquella ciudad, ni siquiera su calle, la que tantos secretos le guardaba…
Pero ya era hora volar…volar para descubrir más ciudades…ciudades, llenas de calles…
8.- PENSAMIENTOS ENTRE CHARLA
¡Vaya idea salir un día como hoy! No solo salir, tomar una caña y en una terrazuca; ¡pero si llueve a mares! además, el rollo que me esta metiendo. Mira que llevo tiempo intentando retrasar esta citapero ya no me quedaba mas remedio. ¡Qué pesado es este hombre! todo el día con sus rollos.
Además, podía contar algo mas interesante, por ejemplo lo que le pasó a su cuñada cuando estuvo en Benidorm; eso bien se lo calla, vaya pájaro esta echo, voy a tentarle… a ver si entra.
Que va, no hay forma. Si piensa que no me enteré, esta listo, como si fuera un secreto. Igual piensa que yo voy a tragar como ella, ¡va arreglao! pues no tengo yo escuela.
Visto lo visto, creo que ha llegado el momento de levantar el campamento; ¡estoy empapada! me quedé fuera para estar poco pero nada, ni por esas.
7.- Charlando bajo la lluvia”
¿Irracionales? No.
Porque hacía ya muchos años que no podíamos disfrutar de aquellos momentos de libertad juvenil,
con un par de cervezas en la terraza del bar, escuchándonos hablar, escuchándote reír…
Porque una lluvia repentina no iba a quitarnos esos instantes de nostálgica felicidad
6.- CINCO MINUTOS PARA LAS DIEZ
Él se detuvo en la puerta del Rubicón, faltaban cinco minutos para las diez y le sudaban las manos: “¿Espero dentro o fuera?. Fuera, decididamente fuera”.
Ella miró la hora en el reloj de la iglesia de los Carmelitas. El corazón le latía en la garganta y la culpa no era del todo de las prisas: “Cálmate que vas bien de tiempo, respira hondo!”
Por enésima vez él miró a ambos lados de la calle, no le costó distinguirla de lejos y saludó entusiastaagitando los brazos.
Ella lo vio haciendo esparajismos y de inmediato el nudo de su estómago se disolvió, se echó a reír mientras llegaba a su lado.
- Te dije que soy algo miope, pero no es para tanto.
- No quería que te perdieras- susurró él dándole un rápido beso en los labios.
Era su primer beso, ambos sonrieron y entraron en el local.
5.- Las sombras de las calles en sol”
Ni la casa de dios, adrede la minúscula, ni la de los hombres, adrede la minúscula también, dan cobijo a tu soledad. La mía es hermética a más tristezas. Mis balcones, allende generosos, se cierran ahora con las persianas del olvido. Yace mi cuerpo en una cama de sábanas rancias a la espera de que cese el olvido sobre mi persona y descubran mi muerte. Ya no importa, pero huele.
Tu, abajo, en la calle del sol en sombra, pisado por amarguras y borracho de sin sabores, deseas que uno de estos inviernos el hielo queme tus huesos y por fin tengan tumba. Ni yo en un segundo piso millonario, ni tú sobre baldosines grises vomitados, encontraremos en esta vida descanso.
4.- Cuaderno de bitácora
Todavía siento el cansancio confundido con la euforia, el salitre incrustado en la piel. Aquélla era la última jornada de rodaje, por fin era viernes. Entonces mi valerosa tripulación y yo barajábamos posibles títulos como Contra viento y marea, Diario de a bordo o Cuaderno de bitácora cuando conocimos la fatal noticia. Quince días después estrenaban en todas las pantallas españolas una película norteamericana inspirada en el mismo hecho. Sin embargo, ni esto ni el fuerte oleaje ni la invasión de medusas ni el constante zumbido de las motos acuáticas ni la rotura de tres veleros ycuatro zodiacs ni los mareos y consecuentes vómitos de parte del equipo fueron óbice para dar por finalizada el rodaje y, nunca mejor dicho, para llegar a buen puerto. Ahora recuerdo con añoranza que alguien propuso hacer el “cómo no se hizo”.
3.- El vals de las mesas
Caía el sol y la hormona del humor se hacía trizas contra el telón raído de la madrugada.
Los ejecutivos cesaban de segregar y fruncían el ceño, bostezaban sin pudor y se alejaban en sus coches.Una delgada línea separaba sus buenos propósitos de sus malos pensamientos, su euforia de su depresión. Recuerdo que las terrazas de verano cerraban a las doce. La noche era sinónimo de liberación y los objetos aprovechaban el silencio para cobrar vida. Cansados de soportar el yugo de sus propietarios, bajaban a la calzada para desperezarse. Entonces la luna tapaba sus ojos para no presenciar el ritual. Las mesas estiraban las patas y copulaban con vehemencia hasta que el primer camarero del día, con su rosario de legañas, hacía inventario y no le salían la cuentas. Siempre había varias mesas de más.A continuación emergían de sus mansiones los potentados, incapaces de recordar sus pesadillas.
2.- EL BOCA A BOCA
-Esta desnuda la calle del Sol, desabrigada, la moja la lluvia, la bate el viento, la hiere la luz envenenada de las farolas, la aplastan los coches, la mean los perros; se muere, si no hacemos algo se muere, de verdad que se muere-
Las palabras de Lola me las llevé a casa. “Se muere la calle” repetí y repetí en la cama, no pude dormir, quizá por estar muy puesto, y no me hace ni puto caso. Al despertar lo primero que hice fue llamar a Pepe:
-¡Oye! Que se muere la calle, sí, sí, que la mean los perros, que la hiere la luz envenenada... ¡Que se muere joder! ¡Hay que hacer algo!-
Pepe pasó de mí y, aquí estoy, en medio de la calle haciendo el boca a boca en una esquina: Oiga, que se muere esta calle, hay que hacer algo, córralo por ahí por favor-
1.- LA CALLE DEL SOL SE MUEVE
La calle estrecha y húmeda, coches aparcados en ambos lados, la perezosa luz de las farolas, dibuja sombras de colorines en las aguas encharcadas. Silencio salpicado al paso urgente de algún coche; la noche gotea, la noche moja, la noche se cierra en las casas y por aquí, por esta calle, ando perdido yo.
Ahora no entiendo nada, ahora no sé qué hacer, todo cerrado a estas horas, no sé dónde ir.
Curioso estar de noche mojándome en el Sol; aunque sea el nombre de una calle pero, es la calle del Sol ¿No? Si la Cuesta del Atalaya es una cuesta, y la Bajada del Caleruco una bajada, pues la calle del Sol…
Será el cambio climático, o el pedo que llevo yo, pero el Sol, esta noche no me quema las alas, no.
Por si acaso voy a volar bajito, que esta calle se mueve, que lo noto yo.