lunes, 17 de noviembre de 2008

116.- LEJOS
Hace años que vivo lejos de casa. No veo otro mar que el de los tejados rojos perdiéndose en el infinito, ni otra tierra que aquella amarillenta y yerma, que contagia las calles inhóspitas de las casas de la vieja ciudad impregnándolas de ese aire seco y duro.
De vez en cuando vuelvo y me pierdo en el viejo puerto, sentado en el borde del embarcadero, soñando que me dejo caer a las oscuras aguas de la noche sin atreverme. Mirando sin tener que ver nada. Me pierdo entre las calles del centro por donde regreso a casa pisando mis pasos de niño, dejándome llevar por ellos con esa serenidad que sólo conceden los años.
Y cuando termino de subir por aquella leve cuesta, puedo tocarme la frente y sentir el sudor en ella, y el frío en mis brazos levemente húmedos. Y ya sólo puedo pensar en cuándo volveré.

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