lunes, 17 de noviembre de 2008

119.- MESA PARA TRES
Es temprano. Aún no hay nadie en la terraza. Las mesas y las sillas están perfectamente dispuestas, como las piezas de un tablero de ajedrez antes del primer movimiento.
Una pareja llega y se sienta. Se miran nerviosos, como si acabaran de conocerse. Puede que así sea. Él saca un cigarrillo, lo enciende. Utiliza un encendedor de plata, con dos iniciales grabadas. No son las suyas, pero nadie tiene por qué saberlo. En realidad, lo había encontrado allí mismo dos meses atrás, junto a la pata de una mesa próxima. Debería haberlo entregado en la barra, pero no lo hizo. Unos pierden cosas, otros las encuentran. C’est la vie. Sólo su dueño podría reconocerlo.
Su dueño, o la chica que se lo regaló. La misma chica que ahora lo contempla absorta,preguntándose si no estará a punto de cometer de nuevo el mismo error.

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